1 de agosto de 2001 – 1 de agosto de 2007: 6 años y la cuenta sigue…

 

Hoy he rebasado un hito importante en mi batalla personal: 6 años de lucha contra el cáncer. Sigo aquí con los pies en la tierra y me siento muy afortunado. A todo el que se encuentre inmerso en una batalla similar le digo que no baje la guardia y siga peleando. Debemos hacer lo posible por apoyar y dar ánimos a quienes han de enfrentarse día a día con una enfermedad de estas proporciones.

Hoy hace seis años que me enfrenté a un reto importante y difícil de vencer. Ante un diagnóstico tan grave no hay nada más doloroso que saber que tu salud se escapa por momentos. Quiero vencer los obstáculos y ser parte de una empresa que también pueda demostrarlo. Aprovecho este día, no para hablar de mí, sino para recordar a dos personas: un vecino y una amiga que lucharon con gran valentía, pero que no lograron celebrar su quinto aniversario libres del cáncer. El primero se llamaba Joseph, un niño que no llegó a ver su número de años escrito con dos cifras, pero que vivió y peleó con el coraje y la fuerza de un cachorro de león. Durante su corta vida fue capaz de preparar una agenda repleta de actividades para cada uno de sus valiosos días, incluso para aquellos en los que se encontraba realmente mal por las terapias y las operaciones. Su batalla duró pocos años; en sus últimas etapas supo que se moría y llegó a estar en paz con lo que estaba a punto de ocurrir. Joseph murió cuando se merecía lo mejor. Sigo viendo la imagen de un niño que sigue siendo mi héroe… sigo sintiendo su corazón generoso y valiente.

Sharlene era la esposa de un amigo de la infancia, una amistad que se formó en nuestros años de parvulario. Cuando Sharlene murió de cáncer tenía tres hijos pequeños de 4, 3 y 1 año. Se le diagnosticó un melanoma de nivel IV, una de las formas de cáncer con el índice de mortalidad más alto cuando se descubre demasiado tarde. No puedo olvidar el momento en que tuve que hablar a mi amigo sinceramente sobre los desesperados esfuerzos que ella hacía para agotar su última oportunidad. Estoy hablando de la integridad y el carácter de personas sin escrúpulos… de esos llamados curanderos que se dicen capaces de curar el 90% del cáncer de un paciente. Sharlene siguió un tratamiento no medicinal sino basado en un régimen de vitaminas y hierbas. Fue muy difícil pero mi amigo me pidió una opinión sincera y tuve que decirle: "Mike, para que un tratamiento se considere curativo tiene que curar el cáncer al 100%". Agradeció mis palabras pero sabía que su familia necesitaba aferrarse a lo que ofreciera la menor esperanza. Sharlene murió cuando se merecía lo mejor. Cuando le pregunté a Mike que cómo se las iba arreglando me respondió que cada mañana tenía que colocarse una armadura para poder afrontar un nuevo día. Cada noche, al quitársela, se desmoronaba sin otro fin que el de estar listo a la mañana siguiente para llevarla de nuevo. Es bombero y puede que su trabajo le haya preparado para superar los traumas.

Estoy hablando de integridad y coraje. Todos podemos hacerlo mejor. Sigo en la lucha y mantengo vivo el recuerdo de Sharlene y Joseph…

August 1st 2001 – August 1st 2007 — 6 years and counting… in English

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