7 años y sigo contándolo

Hoy he superado otra etapa en mi lucha contra el cáncer. 7 años sin cáncer… Además, el médico me ha dicho que ahora sólo necesitaré revisiones anuales. Al recapitular, he contado ni más ni menos que 102 procedimientos (intervenciones, tomografías axiales, rayos X y análisis de sangre) hasta llegar aquí. Han sido muchas agujas, mucho dolor y mucha angustia, pero ha merecido la pena. Sigo luchando por mi salud y por quienes no han tenido tanta suerte de seguir con vida. El año pasado, el padre de uno de los compañeros del equipo de baloncesto de mi hijo perdió la batalla contra el cáncer cerebral. Lo enterraron un sábado por la mañana y ese día por la tarde todos los jugadores asistieron al partido. La vida sigue a pesar de lo difícil que resulte avanzar. Eso es la valentía. También perdí a mi suegra el año pasado. Las complicaciones de una fractura de cadera y la enfermedad de Parkinson… Después del funeral, mi esposa se volvió hacia mi en el coche y dijo "la vida sigue". Una muestra de valentía a pesar del dolor por la pérdida de su madre. Me considero muy afortunado por haber vencido a la estadística y me siento en la obligación de seguir luchando por quienes no lo han logrado. Randy Pausch demostró una valentía y un tesón ejemplares. Una actitud positiva es una fuerza poderosa para luchar. Afrontar la lucha día a día es la única forma de abordar lo que hace 7 años parecía un obstáculo insuperable. Probar la morfina y la oxicodona resultó frustrante. Las 36 tomografías fueron repugnantes, porque las tuve que tomar con contraste activo. Hay que beberse dos frascos grandes (en la imagen) de esa asquerosa suspensión de sulfato de bario. No es fácil tragársela, y además hay que tomar un vasito extra de ese fango justo antes del procedimiento. Es una prueba importante, porque el contraste te ilumina por dentro como una lámpara en la tomografía con la intravenosa de yodo que te inyectan en el brazo durante el procedimiento. La solución deja un regusto metálico en la boca y una sensación nauseabunda en el abdomen. Hace 7 años estaba aterrorizado. Tanto, que no podía estarme quieto. La inmovilidad era como la muerte, así que no paraba a pesar del dolor. También necesitaba un reto físico. Me dijeron que no trabajara la semana después de mi primera intervención. Sin embargo, fui a trabajar el día de la operación: salí por la mañana, ingresé en el hospital, me operaron y volví al trabajo el día siguiente. Lo hice porque era un reto y me mantenía en movimiento. 1 semana después estaba corriendo como de costumbre, aunque aún no me habían quitado las grapas de acero inoxidable. Yo mismo intenté quitármelas por lo incómodas que resultaban, pero eso es otra historia. Así que, para mí, lo importante ha sido mantenerme en movimiento y distraerme para no pensar sólo en el largo camino de superar los 60 meses sin cáncer ni manchas. No sé como lo he hecho, pero me las he arreglado para no perder ningún día de trabajo con todos los procedimientos de estos años. Si algo quiero transmitir con esto es: háganse revisiones regulares, porque el cáncer *es* curable. Yo no estaría escribiendo esto si no fuera verdad. Recuerden que hace 7 años recibí una sentencia de muerte, pero decidí que iba a combatirla con todas mis fuerzas. Otros no han tenido tanta suerte.

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